A quién escogemos amar y por qué

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A quién escogemos amar y por qué

En el transcurso de la vida encontramos a una multitud de personas completamente diferentes que no se parecen entre sí. Algunas nos son indiferentes, y de otras nos enamoramos hasta perder la memoria. La psicóloga familiar Irina Chesnova intentó investigar a quiénes escogemos para amar y por qué. Nosotros en Buenamente.com estamos de acuerdo con ella.

Aquella misma imagen.

A veces es difícil decir por qué nos interesa una persona y por qué nos sentimos atraídos hacia ella. Porque nuestra elección es instintiva e inconsciente. Cada uno de nosotros guarda en las profundidades de nuestro ser las imágenes de las personas que participaron en nuestra crianza y maduración. Son las imágenes de nuestros padres y otros seres queridos que marcaron nuestros destinos.

En estas imágenes muchas veces se mezclan la realidad y las fantasías infantiles, sin embargo, precisamente esas imágenes son aquellas que asociamos con el amor: tal y como lo entendíamos y recibíamos (o no) en nuestra infancia. Y si alguien que conocemos «encaja» con aquella imagen, despierta en nosotros viejos recuerdos acerca de la primera relación significativa, y ya no podemos simplemente dejar a esa persona y sentirnos indiferentes. Nos sentimos intrigados, emocionados y próximamente nos encontramos enamorados.

Traumas de la infancia.

En psicología se afirma que la pareja que escogemos es «el padre perfeccionado». Es decir, de alguna manera se parece a nuestros padres (por eso sabemos cómo interactuar con ella), y en algunos sentidos es completamente diferente e incluso mejor que ellos.

Si cuando eras niño algo te faltaba en tu relación con tus padres, intentarás llenar el vacío y obtener ese déficit en tu relación con tu pareja (inconscientemente). Por lo tanto, muchas veces escogemos a aquellas personas que, a nuestro parecer, nos ayudarán a sanar los traumas, realizar tus necesidades psicológicas, cumplir con tus expectativas, esperanzas y sueños, y obtener aquello de lo que estábamos privados en nuestra infancia: amor, protección, aprobación, admiración y tal vez incluso independencia, importancia propia y perfección.

Un dato curioso: sentimos a la persona que elegimos como un alma gemela que a la vez es parecida a nosotros mismos y es distinta, nos «complementa» porque posee cualidades que no tenemos bien desarrolladas. Nos «complementamos» mutuamente: tu pareja es determinada y resistente y a ti te falta la firmeza, ella es razonable y tú más impulsivo, es resevada y tú espontáneo, es rígida y tú flexible.

No recuerdo dónde leí esta afirmación casi genial: «Las personas se unen como piezas de rompecabezas: ahí donde una tiene protuberancia, otra tiene hueco».

¿Las personas con personalidades distintas se complementan? Según esta lógica, si yo cojeo con el pie derecho y tú con el pie izquierdo, juntos podemos caminar rápido e incluso correr. Al contrario, el historial de muchos matrimonios muestra que a la armonía en una pareja le propician no las diferencias entre las personas sino sus similtudes. Se destacan tres criterios fundamentales que deberían coincidir en una pareja.

Lo primero es el temperamento, su calidez o frialdad. Si una persona es apasionada, su pareja ideal debería ser igual de apasionada, y no al revés. Si se trata de una persona fría, su pareja perfecta debería ser una «Reina de las nieves».

Lo segundo es el nivel de apertura. Incluso dos personas muy cerradas se entienden entre sí mucho mejor que como lo hacen una persona muy cerrada y una muy abierta.

Lo último es qué tan celosos son cada uno. Los celosos se llevan muy bien. Su relación puede ser muy candente, difícil, con altibajos, pero resulta ser más duradera y fuerte que una relación de una persona celosa y otra que no lo es.

La unión de dos personas que no son celosas también tiene más perspectiva que las opciones «mezcladas». En ningún lado he visto estudios que objetivamente demostraran que las personas diferentes se complementan entre sí.

Vadim Petrovsky, psicólogo, analista transaccional.

Es como una obra teatral: optamos por aquellos que pueden jugar un papel en nuestro espectáculo, con quienes nos sintonizamos, quienes saben el texto de su papel de memoria y cuyos roles complementan el nuestro. Sin embargo, igual que en un teatro, la vida no siempre es una comedia romántica con un final feliz. A veces es melodrama, y a veces tragedia. Todo depende del escenario que estamos escribiendo con nuestra pareja.

Descubriéndose mutuamente.

La relación de dos personas es un organismo vivo que evoluciona y a veces se enferma. Puede curarse, y puede morir prematuramente. Al principio de una relación, estando bajo el efecto de sentimientos y emociones fuertes, no vemos ningún defecto en nuestra pareja. Para nosotros es perfecta. En sí, nos enamoramos de alguien a quien no conocemos del todo. Y cuando el velo ante nuestros ojos se cae, vemos a una persona viva que no se parece mucho a nosotros, tiene sus debilidades y deficiencias.

Y aquí hay dos opciones: separarnos decepcionados y emprender la búsqueda de un nuevo ideal. O aprender a dialogar, respetar las diferencias, aceptar las imperfecciones de ambos y admitir el derecho de cada quien a no ser perfecto. Es muy importante que no intentes cambiar a tu pareja, que tengas en cuenta sus puntos fuertes en los que te puedes apoyar a lo largo de tu vida y que te atrajeron algún día.

No hay nada más valioso que ver las cualidades de nuestra pareja que nosotros no tenemos. Sobre esta base se puede formar una relación en la que ambas personas se apoyen mutuamente. Y no acumulen en la alcancía de la vida rencores y reclamaciones, sino maneras de superar las dificultades, bonitos recuerdos, momentos de intimidad espiritual, alegría y amor.

El secreto de una buena y exitosa unión es la comunicación, la interacción cómoda y segura (sin depreciación, manipulación y chantajes), el deseo mutuo de buscar compromisos, la disposición a hablar sobre lo que más duele, no callar los problemas, la capacidad de soportar los sentimientos negativos (tanto propios como ajenos), la habilidad de pedir, recibir y apoyar, y también rechazar aquello que no conviene y respetar el derecho de tu pareja a hacer lo mismo.

Autora: Irina Chesnova Portada: pinterestTraducción y adaptación: Buenamente.com

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