Cartas para cuando yo ya no esté

Cartas para cuando yo ya no esté207Shares

Morir es una sorpresa. Siempre. Nunca se espera. Ni siquiera el paciente terminal cree que va a morir hoy o mañana. Nadie está preparado. El final de la vida siempre viene de sorpresa, haciendo llorar y sufrir a muchas personas. Rafael Zoehler ni siquiera sabía lo que era un velatorio o funeral cuando su padre falleció de cáncer a los 27 años de edad. El chico solo tenía 8 años y medio, lo suficiente como para haberse acordado de haber tenido un padre y saber cómo era.

Su padre nunca le contó que moriría y organizaba planes con su hijo para los años siguientes. Pero un día, su madre lo fue a buscar a la escuela y cuando llegaron al hospital a ver a su padre y marido, los doctores les dijeron que había fallecido. El niño no entendía nada y lloraba desconsoladamente. Fue ahí cuando se le acercó una enfermera que le entregó una caja de zapatos llena de cartas y una que estaba afuera que decía:

Hijo,

Si estás leyendo esto es porque ya he muerto. Lo siento, yo lo sabía. No te quería contar lo que iba pasar, no quería verte llorar. Parece que lo conseguí. Creo que un hombre a punto de morir tiene el derecho a ser un poco egoísta.

Bueno, todavía tengo mucho que enseñarte, después de todo, aún no sabes nada. Guarda esas cartas. Puedes abrir una solamente cuando el momento llegue, el momento que escribí en el sobre. Ese es nuestro trato, ¿vale?

Te amo. Cuida de tu madre, ahora eres el hombre de la casa. Un beso, tu padre.

PD: No le des estas cartas a tu madre, ella ya se quedó con el coche.

El chico cumplió el deseo de su padre y le pidió expresamente a su madre que no abriera la caja ni leyera sus cartas. Se convirtió en su tesoro más preciado y no la abrió hasta que tuvo la primera gran pelea con su madre por el novio que ella tenía. La carta decía:

Pide disculpas.

No sé el motivo de la pelea ni quién tenga razón. Pero yo conozco a tu madre y la mejor manera de resolver la situación es pedir disculpas humildemente. Con el rabo entre las piernas. Ella es tu madre. Te ama más que a nadie en esta vida. ¿Sabes una cosa? Ella escogió tener un parto natural porque le dijeron que eso era lo mejor para ti. ¿Ya viste cómo es un parto natural? ¿Quieres una mayor demostración de amor que esa? Pide disculpas. Ella te va a perdonar. Yo no sería tan bueno.

Un beso, tu padre.

Y así, se fue encontrando con cartas que decían: “Para cuando des tu primer beso”, “Para cuando pierdas la virginidad”, “Cuando te cases”… Rafael no tardó mucho en leer la carta de “Cuando pierdas la virginidad” que decía lo siguiente:

Felicidades, hijo.

No te preocupes, con el tiempo la cosa mejora. Toda primera vez es un desastre. La mía fue con la puta más fea del mundo, por ejemplo. Mi mayor miedo es que leas el sobre y que le preguntes a tu madre antes de tiempo qué es la virginidad. O peor aún, que leas lo que acabo de escribir sin siquiera saber lo que es una paja (lo sabes, ¿no?). Pero eso ya no será mi problema, ¿no es cierto?

Un beso, tu padre.

Su padre lo acompañó durante toda su vida, sus palabras siempre le dieron mucho ánimo e incluso le sacaron una sonrisa. Una de las cartas más emocionantes fue la de “Para cuando yo sea abuelo”:

Hijo, ahora vas a descubrir lo que es el amor verdadero. Vas a descubrir lo mucho que quieres a tu mujer, pero que el amor verdadero es lo que vas a sentir por esa cosita de ahí, que no sé si es niño o niña. Soy un cadáver, no un adivino.

Aprovecha. Es la cosa más bella del mundo. El tiempo va a pasar rápido, así que procura estar presente todos los días. No te pierdas ni un solo momento, que no vuelven más. Cambia pañales, báñale, sé su ejemplo. Creo que tienes las condiciones necesarias para ser un padre tan increíble como yo.

La carta que más le dolió a Rafael fue cuando su madre falleció. Y, fue la más corta también. Su padre solo le escribió:

Ella ahora es mía.

Su padre también le había escrito una carta por si él era homosexual. Como no fue el caso, quiso abrirla de todas formas y ver lo que su padre le decía en esa situación:

¿Qué te puedo decir? Que bueno que ya estoy muerto.

Dejando las bromas a un lado (es raro, así que aprovecha); ahora que estoy medio muerto veo que la gente se preocupa mucho de cosas que no son importantes. ¿Hijo, crees que eso cambia algo?

No seas tonto, sé feliz.

Rafael siempre esperó mucho para el próximo momento. Para la próxima carta. A la próxima lección que su padre tenía para él. Increíble como un hombre que vivió 27 años tuvo tanto que enseñarle a un señor de ahora 85. Cuando estaba enfermo en un hospital a punto de fallecer por cáncer, no quería abrir la carta porque tenía miedo. No quería morir. Hasta que se armó de valor y leyó la última carta de su padre:

Oye, hijo, espero que ya seas un viejo.

¿Sabes? Esta fue la carta más fácil de escribir. La primera que escribí. La carta que me libró del dolor de perderte. Creo que estar cerca del final me aclara la mente para hablar de ello.

En mis últimos días pensé en mi vida. En mi corta vida, sí, pero que me hizo muy feliz. Fui tu padre y el marido de tu madre. ¿Qué más le podría pedir a la vida? Eso me dio paz. Haz lo mismo.

Un consejo: no tengas miedo.

PD: Te echo de menos.

Y entonces, el respiró más tranquilo.

Sin duda que las palabras que este padre escribió para cada momento fueron muy precisas y sabias. Deben haber ayudado mucho a su hijo y espero que a ti también te hayan servido. Al menos a mí, me emocionaron tremendamente…

¿Qué te parecieron los consejos de vida de este padre?

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