Esto es lo que me hubiera gustado oír cuando supe que iba a ser madre adolescente

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“Eres una de las pocas personas en quien confío plenamente, por eso te quiero pedir algo: quiero decirles a las madres adolescentes lo que a mí me hubiera gustado oír cuando supe que iba a tener un bebé. ¿Lo escribirías por mí?”. Por supuesto, le digo sin pensar. La leo atentamente y luego de reflexionar, me pongo a tipear.

“Me hubiera gustado que me dijeran que no era el fin del mundo. En ese momento, una piensa que ha perdido el control completo de su vida, que se ha equivocado; pero me hubiera gustado que al menos alguien me hiciera saber que no me había fregado la vida. Así como yo lo puedo decir hoy.

Si bien me iba a tener que dedicar al bebé que venía, me hubiera gustado oír que eso no significaba que iba a tener que dejar de soñar mis propias metas, que todavía podía seguir pensando en mí. Quizá no en el plazo más corto, pero sí después. No iba a ser fácil, pero tampoco sería imposible como me hicieron creer. Sabes, mi vida no se acababa con el bebé, sino que una nueva etapa empezaba con él. Una etapa no planeada. Tenía los mismos sueños y si bien los postergué, finalmente los cumplí. Nadie me dijo que iba a ser capaz. Yo lo aprendí.

Me gustaría que supieran que sí podemos, que metimos la pata pero no tan al fondo: somos completamente capaces de asumir esa responsabilidad a pesar de nuestra edad.

Me gustaría también que la gente de alrededor no lastime más. En ese momento, una ya está sufriendo, pensando mucho, lamentándose, creyendo lo peor, ¿para qué seguir dañando a alguien que ha asumido con responsabilidad las consecuencias de sus decisiones, con palabras mal intencionadas hacia ella, su pareja o hasta el bebé que está en camino? ¿Para qué si ella ya sabe que “se equivocó”?

Decidir simplemente tenerlo ya es de valientes. No merece una aplauso de pie, pero sí una actitud diferente; no la común, la del reproche, sino la del apoyo. Créeme, una ya sabe que la cagó. Ahora toma con las manos que la vida le va a cambiar para siempre, y lo acepta. Pierde el miedo de hacerlo. Lo dice en voz alta. Eso es todo un reto. Entonces, para qué lastimarla más.

¿Sabes qué es lo que más vergonzoso? La etiqueta de “la chica que salió embarazada”. Una nunca la pierde. Lo más triste es el pesimismo de todos. Cuando apuestan por el fracaso de nuestra vida y hasta de la de nuestras familias y nos condenan a lo peor.

Quiero que todas sepan que una vez que asumimos las consecuencias de nuestras decisiones somos capaces de alcanzarlo todo, como cualquiera y hasta mejor, porque ahora no tenemos un motivo, sino dos”.

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