Por qué no debes tener como pareja a una persona infeliz

Por qué no debes tener como pareja a una persona infeliz94Shares

Veamos por qué.

A veces pasa que por X motivo o circunstancia tomamos la decisión errada de meternos en el papel de salvador y queremos ayudar a salir de abajo a una persona que se siente desdichada.

Supongamos que recién conociste a un muchacho, que viene de una ruptura amorosa, y cuyo corazón necesita reparo. En ese momento comienzas a dar todo de ti para curarlo. O imaginemos a una chica con cuyos sentimientos un patán acaba de jugar. Y lo siguiente no se trata de una recomendación, simplemente hay que entenderlo:

TU OTRA MITAD DEBE SER ALGUIEN QUE SE SIENTA COMPLETO.

Es norma.

Para comenzar, los dos tienen que curarse por su propia cuenta. Aunque pudieses contribuir en cierto modo, no debes correr y establecer una relación o desarrollar sentimientos más profundos hasta que la otra parte no resuelva sus conflictos internos.

Todos tenemos nuestro talón de Aquiles y nuestra fortaleza, pues de esa forma fuimos creados. Pero la naturaleza no nos hizo perfectos, aunque a algunos sí los hizo perfectamente neuróticos. En cambio, una persona perfectamente sana, es aquella que se conoce a sí misma, sabe cuáles son sus aptitudes, no las subestima. pero a la vez sabe ver también sus fallas y sus defectos.

Aquél que puede hablar con fluidez de sus sentimientos, expresar fácilmente sus emociones, abarcar de forma positiva la solución de sus problemas en una relación, dar amor y, por sobre todo, tomar la responsabilidad de su propia felicidad en una relación, es aquel que puede ser considerado como una persona sana. ¿Qué diferencia, no? Pues tu felicidad no está en manos de nada ni de nadie.

Cuando sientas que te drenas, que das hasta lo que no tienes por alguien, en ese instante debes parar y analizarte a ti mismo, así como a las relaciones a tu alrededor. Puede que a lo mejor sigas repitiendo patrones.

Ya verás por qué es crucial que selecciones un amante de acuerdo a su nivel de madurez, aunque todos estemos a distintos niveles de conciencia.

Para darte un ejemplo, estar o no con alguien no te aporta ni te quita felicidad. Obviamente, estar con el ser que amas es un sentimiento indescriptible, pero a fin de cuentas no es más que felicidad adicional a la que ya tienes. Si ese alguien se marchase, aún llevarías una vida alegre y aceptarías su decisión. Aunque puedas estar triste, tu vida no acabaría. Y si el otro es maduro también, los dos comenzarían a estar juntos conscientemente (deseando estar juntos por siempre) y de esa misma forma terminarían, conscientemente. Pero si el otro es un poco inmaduro, todo sería distinto.

Los primeros días él o ella se sentirán sobrecogidos por tu serenidad y madurez, pero al pasar el tiempo el lazo afectivo se vuelve más intenso. A simple vista no hay nada negativo, puesto que casi todos viven de esa forma, hasta gusto da oír el clásico "sin ti mi vida no tiene sentido", pero llega un momento en que comienzas a cansarte de eso. En otras palabras, tu compañero/a solo te ve a ti como el centro de su vida y no a su crecimiento personal. Y en caso de que decidieras alejarte de él o ella, su vida se derrumba. Entonces, siendo una persona madura, comprendes que está pasando por un mal momento pero tampoco permanecerás a su lado por lástima o compromiso. ¿Se entiende ahora?

Los apegos terminan por ahogar a una persona con cierto grado de madurez. Por supuesto que tienes la libertad de enseñar a la otra persona, aunque por experiencia, cuando educas al otro, te estancas. Inexplicablemente cada quién se desarrolla a su ritmo, aunque no todos poseen las mismas metas. Hay quienes están en el escenario, y quienes son simples espectadores. Lo cual no implica que uno sea mejor que el otro. Es solo que dos personas en el escenario pueden llevar a cabo un espectáculo más deslumbrante, motivarse mutuamente, y así.

No es un gran problema si en una relación hace falta madurez. Siempre existirán los típicos dramas de telenovelas como las palabras mal dichas, las bajas pasiones, los distanciamientos, entre otros. Todos hemos estado ahí. Sin embargo, ya una vez que salgas de ese lugar, debes prestar atención a los sentimientos del otro, sin olvidarte de entender y estudiar tus patrones de conducta antes de cargar la cruz de alguien más.

No eres responsable de la dicha de otra persona. Y esto no solo va para tus relaciones amorosas, sino también para tus familiares y amigos. Puedes ser empático, ofrecer una mano amiga, escuchar, pero no, repito, no tienes por qué ser una silla de ruedas para nadie. Cada quién está en su proceso de despertar consciencia y trabajar en sí mismo. Y tu vida es tu vida, no la de alguien más. Llegará el día en que cuentos como esos empezarán a ser un fastidio para los que están enfocados en sus metas, y por supuesto, esto no aplica para todo el mundo. Solo para los que tengan el deber de leer este artículo.

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