Por qué no verás nunca una oreja en la foto de una caja de bastoncillos para los oídos

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La mayoría de la gente los llama coloquialmente “bastoncillos de los oídos”, y sin embargo no verás la fotografía de una oreja en ninguno de sus envases. De hecho, la única referencia a nuestros oídos está escrita en el apartado de advertencias.

“No introducir el hisopo de algodón en el canal auditivo”

Ni los fabricantes ni el personal sanitario recomiendan usar bastoncillos de algodón para limpiar nuestro oídos, ya que pueden provocar daños de gravedad.

Una buena idea

Al entrar en la cocina, Leo Gerstenzang se encontró a su mujer atando trozos de lana a la punta de un palillo mondadientes. La mujer, madre de tres hijos, pretendía de esta forma limpiar algunas zonas de difícil acceso de su cocina.

Inmediatamente este hombre de origen polaco, comprendió su utilidad y decidió vender la idea en 1923. Fabricados en madera y con algodón solamente en un extremo, Leo los comercializó como un producto multiusos.

Sin embargo, y viendo el mercado potencial para el cuidado de los bebés, en 1926 relanzó su producto con el nombre de Q-Tip baby y lo distribuyó como un producto de higiene infantil.

El oído no era su principal uso, pero por su difícil acceso se popularizó entre las preocupadas madres que deseaban proteger a sus hijos de otitis e infecciones.

Tras los primeros años de quejas y reclamaciones por el mal uso de estos bastoncillos, la marca adoptó el nombre definitivo de Q-Tip, muy popular en países de habla inglesa.

En los años 60 las advertencias sobre el uso “solo para adultos” y “usar suavemente en la zona exterior sin introducir el bastoncillo en canal auditivo” comenzaron a aparecer en el empaquetado. Sin embargo, hoy es una prohibición expresa la que figura en las cajas de la popular marca.

Hoy Q-tip pertenece al gigante de la cosmética, droguería y alimentación Unilever, quienes se cuidan de no hacer ninguna referencia expresa al uso de los bastoncillos en los oídos.

A pesar de las advertencias

Hay quien dice que el uso de bastoncillos es de alguna forma adictivo. En primer lugar por el increíble número de terminaciones nerviosas que hay en el oído y las sensaciones que produce.

En segundo lugar, su uso crea un circulo vicioso. Al retirar la cera, el cuerpo produce más debido a la irritación que el algodón produce y esto hace que el usuario aumente su uso y frecuencia.

Dennis Fitzgerald, otorrinolaringólogo en Washington advierte:

“La gente cree que limpiarse los oídos es algo normal, que el cerumen es sucio, desagradable e innecesario, pero no es cierto. La cera de los odios es un mecanismo de protección, como las lágrimas para los ojos. La cera limpia y protege la finísima piel del canal auditivo de suciedad, grietas, irritación e infecciones.

Solo debe limpiarse el exceso que sale al exterior, como nos limpiamos una lágrima que cae por nuestra mejilla o las legañas. Nadie se mente un bastoncillo de algodón en un ojo”.

Incluso si se produce un taponamiento del canal por un exceso de cera, los bastoncillos tampoco serían el método adecuado para realizar una limpieza, ya que empujan la suciedad hacia el interior del oído y no hacia fuera.

Para colmo, la gente cree que limpiará mejor cuanto más introduzca el bastoncillo y más lo mueva, pero lo cierto es que lo que se consigue es empujar la suciedad hasta el tímpano pudiendo dañar la membrana auditiva directamente con el hisopo.

Que la suciedad llegue al tímpano no es buena cosa (algo que la cera trata de impedir) ya que puede provocar todo tipo de infecciones. De hecho, los médicos dicen que la mayoría de las lesiones auditivas y la otitis tienen relación directa con el uso de bastoncillos de algodón.

Si es tan malo, ¿por qué continúa pasando de generación en generación este mal uso?

Unos 208,4 millones de dólares tienen la culpa. Este fue el beneficio que los fabricantes de bastoncillos tuvieron en 2014, solo en Estados Unidos.

Para cuidarse de posibles demandas, los fabricantes han introducido advertencias pero, por intereses comerciales, continúan sin prohibir expresamente su uso en los oídos durante los anuncios de publicidad.

Además, pagan por posicionar su producto en las estanterias de higiene, cerca de los tapones de los oídos. Y no en la sección de limpieza junto a los estropajos, fregonas y cepillos.

Según el doctor Dennis Fitzgerald, si por cuestiones de salud se tratara, estarían prohibidos, pues hacen más daño a la salud auditiva que bien. Sin embargo los fabricantes ignoran estas advertencias.

Fuente: deadbees.net, wikipedia

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