Te dejo... porque nunca me supiste valorar

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Muchas personas creen, equivocadamente, que para que una relación de pareja funcione ambos necesitan dar su 100 por ciento, pero no es así. Es necesario entender que una relación de pareja es de dos, y si cada uno da un 50 por ciento lograrán ese 100 del que muchas personas hablan. Sólo así podrás tener una relación sana, sin perder tu esencia en el camino, sin perder tu individualidad y sin caer en el egoísmo.

Lamentablemente yo lo entendí muy tarde. Te di todo de mí y tú no dabas nada. Me convertí en alguien que no era, pero sobretodo que no quería ser. Me conformé con tus migajas y eso me hacía sentir perdida y sola a pesar de estar a tu lado; por eso hoy he decidido dejarte atrás…

Te dejo porque estoy cansada de caminar sola, el hecho de que tu mano esté entrelazada a la mía no quiere decir que estés conmigo. De nada sirve que tu cuerpo esté a mi lado cuando tu mente viaja por otros lugares. Te dejo porque me cansé de gritar que te amo y que tus oídos jamás quisieran escucharlo. Te dejo, aunque en realidad tú fuiste quien me dejó primero.

Dicen que no hay peor dolor que sentirse sola aun estando acompañada, eso exactamente es lo que me pasó contigo. Yo no quería tenerte a mi lado sólo en cuerpo, quería que tu mente y tu alma también estuvieran conmigo. Que las horas que pasábamos juntos me las dedicaras a mí, que me contarás lo que te sucedía, lo que habías hecho, tus sueños, tus planes. Que te interesaras por mí, por saber qué pasaba en mi vida; pero no fue así, y cada día estabas más ausente.

Ahora dices que no puedes entender cómo fue que terminó todo pero, ¿sabes algo?: tú fuiste quien mató este amor con tu indiferencia, ignorándome cada día, dejándote de interesar por lo que sucedía a nuestro alrededor. Hasta que un día me dí cuenta que ya no lo podía soportar más.

Sé que no todo en una relación tiene que ser perfecto, y que los días malos también son parte de ello; pero contigo todos eran días malos, esos rayos de felicidad dejaron de brillar poco a poco. A nuestra relación la opacó una nube gris que jamás estuviste dispuesto a despejar.

Por mucho tiempo me conformé con lo poco que recibía de ti, creía que eso era lo que me merecía, sólo migajas. Hasta que finalmente entendí que eso no era lo que quería ni merecía en mi vida. Yo nunca fui mala contigo, y por supuesto que tuve mis errores, pero siempre traté de demostrar lo mucho que te amaba hasta el último momento.

Te dejo porque entendí que sólo fuiste un obstáculo en mi vida. Tropecé contigo y caí, y aunque me costó mucho trabajo levantarme y seguir, hoy estoy de pie dando mis primeros pasos hacia una vida mejor lejos de ti.

Durante mucho tiempo creí que estábamos escribiendo una hermosa historia de amor, una de esas que vemos en las películas, pero mucho mejor porque era real. Después descubrí que en esas hojas sólo había una protagonista y era yo. Tú siempre estuviste ausente y jamás pude escribir sobre esas palabras de aliento que se supone me debías de dar. Tampoco escribí de ese abrazo que te rompe hasta los huesos, ni de ese beso que te hace despegar los pies del suelo. Entonces me di cuenta que era la historia de mi vida; enamorada de alguien que nunca existió.

Ahora me doy cuenta que todo este tiempo caminé sola, que nunca estuviste a mi lado cuando más te necesitaba. Hoy estoy convencida más que nunca de que te dejo. Te dejo libre: libre de reproches, de caricias, de besos, de abrazos, de amor, de mí.

Te dejo con la idea de un “qué hubiera pasado si…” ¿Qué hubiera pasado si me hubieras dedicado más tiempo? ¿Qué hubiera pasado si me hubieras dado todos esos abrazos y besos por los que tanto te rogué? Pero sabes algo… ¡ya es tarde!

Te dejo porque lo único que nos unía era la estupidez de los dos. La mía por pensar que algún día cambiarías, que algún día serías ese hombre atento, cariñoso, romántico que al principio pensé que eras. La tuya por creer que me tenías segura.

Ahora me voy a buscar mi propia felicidad, esa que perdí estando a tu lado. Me voy completa, tal vez un poco rota, pero al final completa y de pie. Te dejo, sin mí.

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