3 Momentos en que la Princesa Diana pudo disfrutar de los placeres de la libertad

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Diana, princesa de Gales fue la primera esposa del príncipe Carlos de Gales, heredero de la Corona británica. En 1975, después de que su padre heredara el título de conde Spencer, fue conocida como lady Diana Spencer. En 1981 se convirtió en una figura importante tras anunciar su compromiso con el príncipe Carlos. Su boda tuvo lugar el 29 de julio de 1981 en la catedral de San Pablo de Londres y fue vista por más de 750 millones de personas en el mundo. De la unión nacieron Guillermo y Enrique, segundo y tercero en la línea de sucesión al trono en su momento. Ya como princesa de Gales, Diana desarrolló sus obligaciones reales y representó a la reina en viajes en el extranjero. Fue celebrada por su labor humanitaria y por su apoyo a la Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas Antipersona.

Diana fue objeto del escrutinio mundial y de la atención mediática durante y después de su matrimonio, el cual finalizó el 28 de agosto de 1996. Su vida, obra e inesperada muerte en un accidente de tránsito, acaecida el 31 de agosto de 1997, la convirtieron en auténtico mito de la cultura británica y en un personaje popular en el mundo.

Durante todos esos años siendo miembro de la realeza siempre deseó tener más libertad.

Ken Wharfe quien trabajó como guardaespaldas de Diana entre 1987 y 1993. Abandonó su servicio en la Metropolitan Police en 2002 después de haber invertido la mitad de su carrera en la protección de la Realeza. Y en su nuevo libro 'Guarding Diana' revela parte de la vida inquieta e impredecible de la princesa que Daily Mail nos regala en exclusiva. Veamos un poco de su contenido:

1. Despedida de soltera en clase económica.

“Probablemente era la primera vez que lograba salir sola luego de su matrimonio. Pero estaba determinada a ser ‘normal’ de una vez por todas, aunque eso significara tomar un vuelo barato en lo que ella llamó ‘la clase rebaño’ mientras reía. Lamentablemente, fue reconocida por unas ruidosas chicas de Essex que iban a un fin de semana de fiesta en Ibiza. De primeras, no podían creer que estuvieran frente a ella:
-¡Es la mismísima Diana! ¡Mira, es la Princesa!, decían.
-Oh dios, ¡es ella!
-¿No debiera ir en primera clase?, dijo otra.
Así fue como en segundos, estuvimos rodeados de personas dándose vuelta a mirar a Diana.
-¿Podemos tomarnos una foto, Su Majestad? Es su despedida de soltera, dijo una de las chicas mientras apuntaba a una de sus amigas”.

Siempre quiso ser tratada como a cualquier otra persona...

“Había sido idea de la misma Princesa viajar en económica, como cualquier otra persona. ‘Quiero irme de vacaciones pero no quiero ningún tratamiento especial.Quiero ser como todos. Quiero parecer una persona normal’, me había dicho. Esto vino de la nada y supe que iba a ser algo difícil de manejar.
-¿De verdad? ¿Está segura, señora?, le pregunté. Esto presentará algo de… debería decir desafíos logísticos. Aunque si usted lo desea puedo hacer los arreglos, pero para ser francos… bueno, usted no es como todos.
-Ken, dijo, respirando hondo, lo que era siempre una señal de que iba a remarcar algo en señal de mal humor. ‘¿Por favor puedes arreglar todo como acabo de decir? Eso es lo que quiero'.
Volar puede ser un trámite complejo: pasar por seguridad, revisión de equipaje, retraso de vuelos, malos horarios, hoteles extraños. Pero no era así para una Princesa, quien estaba acostumbrada a tomar jets privados, helicópteros reales y yates millonarios. Incluso cuando tomaba un vuelo comercial, la Princesa iba directo a una limusina o esperábamos en sectores VIP. Sus documentos eran tratados de forma separada y su equipaje contenía una letra D y una corona, el cual pasaba por Servicios Especiales a mano. Entonces, cuando llegó la hora de irnos en un “clase rebaño”, llegué muy temprano al Palacio para poder llevarla al aeropuerto”.

Pero su deseo no podía estar más alejado de la realidad...

“¿Por qué tenemos que irnos tan temprano?, se quejó. ‘El vuelo no es hasta las 3 PM y he hecho una cita a las 11:30 AM’. ‘Bueno, no sé por qué hizo esa cita señora, no alcanzaremos a llevar el equipaje y pasar por seguridad a tiempo’, respondí. ‘Perderemos el vuelo y además tendremos que tomar un transporte público’.
Me miró confundida. ‘¿De verdad? ¿Se demora tanto así?’, preguntó.
De vuelta al aeropuerto, cuando ya nos vimos rodeados de 20 personas que se habían dado cuenta de que era la Princesa, pasaron un par de minutos antes de que me diera una mirada. Sin tener que decir nada, su mensaje era claro ‘¡Soy una princesa… sácame de aquí!’. Afortunadamente, tenía un plan B. Sin decirle a Diana, contacté a Servicios Especiales el día anterior para coordinar la situación y se ofrecieron a ayudarme en caso necesario.
Sacamos a Diana del lugar y le ofrecieron un vaso de agua en un sector VIP, el cual aceptó. No dijo una palabra sobre lo que acababa de pasar. Diana siempre soñaba o planeaba un escape de su vida estructurada como miembro de la realeza. Tiempo después, cada vez que le recordaba el incidente, era acompañado de risas. Ella decía que la verdad es que feliz se hubiera unido a esa despedida con las chicas. Aunque yo sabía que no podía estar mas alejado de la realidad.”

2. Coqueteando con el tenor Luciano Pavarotti.

“El pasatiempo favorito de Diana en diciembre era ir de compras en vísperas de las festividades para escapar de la formalidad de la Navidad en el Palacio. Ella siempre se había sentido sofocada ahí, me dijo. Aunque en realidad, no era de la familia de su esposo de quien quería escapar, sino que del Príncipe Carlos. En este punto, ambos ya tenían otras parejas y no estaban en buenas conversaciones. En uno de nuestros viajes de diciembre, fuimos junto a su madre a un concierto de Luciano Pavarotti en Italia. Él la notó durante la ceremonia y cuando se fue del escenario, nos invitó a todos a su camarín. Ahí, en un cortado inglés, coqueteó con Diana”.

Pero disfrutar de tal compañía no le bastó...

“Cuando nos fuimos del lugar, ella estaba feliz. Mientras esperábamos el auto, de pronto dijo que quería ir a Venecia. ‘Ken, nos hemos salido con la nuestra. Nadie sabe que estamos aquí ni siquiera la prensa local. Por favor, vivamos un poco’, me dijo. 
Hablamos con la embajada en Venecia, hicimos los arreglos con la policía y arreglaron dos botes para llevarnos a ver la ciudad. Sus ojos demostraban placer. Parecía sacada de Singing In The Rain. En un momento me miró y dijo: ‘Si tan solo pudiera tener esta libertad una vez al mes, valdría mucho más la pena’. La Princesa sabía que tenía una vida de privilegios y no culpaba a nadie por las restricciones. Pero a menudo quería hacer muchas cosas que para la gente normal son parte de la rutina”.

3. Pasando por una playa nudista por equivocación.

“En otro de nuestros viajes, fuimos a la playa de Shell Bay. No había nadie, por lo que pensé que era seguro dar un paseo. Le di a Diana una radio y un mapa y le dije que la vería al final de la bahía en un auto”.

Y su paseo se convirtió en una verdadera aventura... 

“Cuando se alejó, miré cómo desaparecía en la distancia y tuve una extraña sensación. Estaba mirando a la esposa del futuro Rey caminando sola. Una vez que avanzó, le hablé por radio. Su voz era clara y viva, como si revelara su libertad. El paseo iba a durar unos 40 minutos así que me senté en un jardín a esperar, cuando de pronto sonó mi radio:
-Soy yo, ¿me puedes escuchar? ¡Es asombroso! No puedo creerlo, decía feliz. ¡Aunque debiste contarme sobre esta colonia nudista!
Ella soltó una carcajada y yo también. No pensé que los nudistas estarían ahí a esa hora y con ese clima. Cuando terminó su paseo, la vi acercándose con un palo, mientras jugaba con dos perros que se le habían unido”.

El libro “Guarding Diana” estará disponible el próximo 10 de agosto.

Con la historia exclusiva de 6 años en los que Ken estuvo al lado de Diana en numerosos viajes alrededor del mundo. 

Compartiremos sus secretos, risas y lágrimas.

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