Conoce la Terrible Historia de los “Castrati” y su Extraña Forma de Vivir

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Los castrati nacen en el siglo XVI en Roma, época en la cual el Papa prohibió que las mujeres cantaran en las iglesias y en los escenarios.

Los castrati eran hombres que podían cantar con una tonalidad muy aguda y sus voces terminarían siendo admiradas debido a la combinación antinatural de tono y potencia, ya que se emitían las notas altas de un muchacho prepubescente desde los pulmones de un adulto; esto daba como resultado, en palabras de los contemporáneos, algo extraordinario y extrañamente incorpóreo.

Ellos fueron el equivalente a las grandes estrellas del pop de ahora durante la época barroca. No obstante, para poder beneficiarse de esta fama, aparte de tener un gran talento para el canto, debían pagar un alto precio: sus testículos

Durante los años barrocos, los niños que desearan quedarse con su aguda tesitura, debían pasar por una operación quirúrgica, que lleva por nombre orquidectomía. Dicha cirugía implicaba la amputación de los testículos, para que no pudieran producir hormonas sexuales masculinas, las cuales son las responsables, entre otras cosas, del cambio de voz que se experimenta en la adolescencia.

La castración como un negocio antiético

Según las cifras, unos 4.000 niños eran castrados cada año al “servicio del arte”, durante las décadas de 1720 y 1730. Con el fin de que fuese efectiva, la castración debía llevarse a cabo entre los 8 y 12 años de edad. La creciente popularidad de la ópera italiana en toda la Europa del siglo XVII fue lo que causó el súbito incremento internacional de la demanda. Si un niño italiano nacía con una voz prometedora, lo llevaban al local de un barbero-cirujano en los barrios bajos, lo drogaban con opio y procedían a meterlo en un baño con agua caliente. El experto entonces cortaba los conductos que desembocaban en los testículos, los cuales se atrofiaban con el tiempo. Muchas familias de escasos recursos sometían a sus niños a esta atrocidad con el fin de que pudiesen ganarse un buen sustento y, de esa forma, poder sacarles de la pobreza. No obstante, otros jóvenes pedían voluntariamente que los castraran para preservar su angelical voz. El resultado de esta práctica tan antiética, era una voz maravillosa que combinaba la dulzura de un niño y la fuerza de un adulto.

Los castrati eran los mejores amantes y las estrellas más cotizadas por reyes

Carlo Braschi, comúnmente conocido como Farinelli, fue el castrato italiano más famoso del siglo XVII

Las mujeres de la alta sociedad europea consideraban a los castratis un icono sexual. Según las anécdotas y relatos sobre su contracepción y mayor resistencia, estos podían enfocarse completamente en el deseo de la mujer, el cual era de poca importancia para muchos hombres de la época. El famoso catastro Consolino, se aprovechó de sus delicados rasgos femeninos en Londres. Asistía a las citas disfrazado con vestido, y luego mantenía una apasionada aventura ante las propias narices del marido. La iglesia prohibió que los castratis se casaran, lo cual hizo encender las llamas del deseo y lo prohibido.

Entre los castrati más conocidos podemos mencionar a Nicolini, Senesino, Caffarrelli, Salimbeni, etc. Pero sin duda el más famoso de todos fue Carlo Brosch, mejor conocido como Farinelli, cuya vida fue recreada en la famosa película de 1994 que lleva su nombre. De acuerdo con las versiones oficiales, su castración, se debió a que cuando era niño sufrió un accidente con un caballo. Se haría leyenda debido a la estupenda voz que adquirió durante sus largos años de instrucción de Nicola Porpora. Todos enloquecían para verle, no solamente en Italia, país en el cual sería conocido como il ragazzo o el muchacho, sino además en Viena, Londres y España, lugar en el cual vivió por 25 años bajo el mandato del rey Felipe V, al que cantaba todas las noches con el fin de curarle de la fuerte depresión que padecía.

En el siguiente vídeo se puede apreciar un fragmento de la película antes mencionada

La decadencia del castrati

Para el siglo XIX, la voz de los castrati fue eliminada de los espectáculos, ya que decidieron incluir la figura de la mujer, aunque permaneció en el ámbito religioso. En el año de 1878, el Papa León XIII prohibió que se contrataran nuevos castrati por parte de la iglesia, excepto en la Capilla Sixtina y en algunas otras basílicas papales de Roma, donde los castrati pudieron quedarse.

Así se escuchaba la voz del último castrati

Alessandro Moreschi fue el último castrato y el único cuya voz fue registrada en audio.

Alessandro Moreschi fue el último castrato sixtino, quedándose en el coro del Vaticano como solista hasta 1898, año en que fue nombrado director del mismo, aunando su faceta de cantante y dirección. Un empleo que conservaría hasta su retiro en 1913. Se trató del único castrato que fue grabado. Falleció en la más absoluta soledad en 1922 a los 64 años de edad.

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