Estaba harto y a punto de divorciarse pero una sencilla frase reparó su matrimonio

Estaba harto y a punto de divorciarse pero una sencilla frase reparó su matrimonio7shares

Richard Paul Evans es un escritor sumamente exitoso, sus libros han estado en el tope de las listas de Best Sellers tanto del New York Times como de USA Today y es autor de más de 25 novelas, pero el éxito llegaría con la serie de novelas de Michael Vey, unos libros para jóvenes adultos que narran las fantásticas aventuras de un chico de 14 años y sus amigos en un mundo que combina la magia y la ciencia ficción.

Como todos los matrimonios, el de Richard pasó por momentos difíciles. A pesar de amor y el cariño que dos personas se puedan tener, es posible que se crispen los nervios el uno al otro, o que las diferentes visiones sobre cómo logar un mismo objetivo terminen enfrentándolos. Justo cuando su matrimonio parecía haberse terminado, Evans encontró una inspiradora solución que logró darle un giro de 180 grados a su vida familiar.

A continuación reproducimos el texto de Richard acerca de cómo fue que logró salvar su matrimonio, porque pensamos que puede ser usado como una poderosa herramienta para darle una nueva vida a un matrimonio en problemas.

Mi hija mayor, Jenna, me dijo hace poco algo que me marcó

‘Mi mayor temor cuando era niña era que tú y mamá se divorciaran. Entonces, cuando tenía doce años, decidí que peleaban tanto que quizá lo mejor para todos era que lo hicieran’. Después añadió con una sonrisa, “estoy feliz de que ustedes pudieran solucionar sus diferencias”.

Durante años, mi esposa Keri y yo discutíamos todos los días

Pensándolo bien, realmente no estoy seguro qué nos llevó a casarnos, porque nuestras personalidades no encajan del todo bien. Y entre más tiempo permanecíamos casados, más extremas parecías esas diferencias. El encuentro con “la fama y la fortuna” no hacía más fácil nuestro matrimonio, de hecho, exacerbaba nuestros problemas.

La tensión entre nosotros era tal, que los viajes que se suponía eran para promocionar los libros se convirtieron en una especie de escape

Nuestra lucha se hizo tan constante, que incluso era difícil imaginar una relación pacífica. Estábamos perpetuamente a la defensiva, construyendo una fortaleza emocional alrededor de nuestros corazones. Estábamos a punto del divorcio y más de una vez hablamos sobre eso.

Yo estaba en un viaje promocionando un libro, cuando las cosas llegaron a un punto crítico

Acabábamos de tener otra pelea por teléfono y Keri me había colgado. Estaba solo y solitario, frustrado y enojado. Había llegado a mi límite. Ahí es cuando fui con Dios o, mejor dicho, me fui contra Dios. No sé si se le puede llama oración, quizás gritarle a Dios no sea rezar, quizá sí; como sea, nunca olvidaré lo que sucedió.

Estaba parado en la ducha del hotel gritándole a Dios que mi matrimonio estaba mal y que ya no podía más

Por más que odiara la idea del divorcio, el dolor de permanecer juntos era simplemente demasiado. También estaba confundido. No podía entender por qué mi matrimonio con Keri era tan difícil. En el fondo sabía que Keri era una buena persona. Entonces, ¿por qué no podíamos llevarnos bien, por qué me había casado con alguien tan diferente a mi, por qué ella no estaba dispuesta a cambiar?

Finalmente, destrozado, me senté en la ducha y comencé a llorar.

En lo más profundo de mi desesperación, llegó a mí una poderosa inspiración. No podía cambiarla, pero podía cambiar yo. En ese momento comencé a rezar, ‘si no puedo cambiarla, Dios, entonces cámbiame a mí’. Recé durante la noche y recé durante el siguiente día en el vuelo a casa. Recé mientras caminaba hacia la puerta rumbo a una fría esposa que apenas me reconocía. Esa noche mientras nos acostamos en la cama, a centímetros uno del otro, pero a kilómetros de distancia, la inspiración vino. Sabía lo que tenía que hacer.

La mañana siguiente me di la vuelta en la cama junto a Keri y le pregunté, “¿qué puedo hacer para que tu día sea mejor?”

Keri se veía furiosa: “¿Qué?”

– “¿Qué puedo hacer para que tu día sea mejor?”

– “No puedes”, dijo. “¿Por qué me estás preguntando eso?”

- "Porque lo digo en serio", le dije, "sólo quiero saber qué puedo hacer para mejorar tu día".

Ella me miró con cinismo.

– “¿Quieres hacer algo? Anda a limpiar la cocina”.

Ella esperaba que yo me enojara, en cambio, sólo asentí. Me levanté y limpié la cocina.

Al día siguiente le pregunté lo mismo. “¿Qué puedo hacer para que tu día sea mejor?"

Ella me dijo con los ojos entrecerrados: "Limpia el garaje".

Respiré profundamente. Yo ya tenía un día ocupado y sabía que ella había hecho la petición buscando pelea. Tuve la tentación de explotar. En cambio le dije, “Está bien”. Me levanté y durante las siguientes dos horas limpié el garaje. Keri no estaba segura que pensar. Llegó la mañana siguiente.

– “¿Que puedo hacer para que tu día sea mejor?”.

– “Nada”, dijo. “No puedes hacer nada. Por favor deja de decir eso”.

– “Lo siento”, dije, “pero no puedo”. “Hice un compromiso conmigo mismo. ¿Qué puedo hacer para que tu día sea mejor?”

– “¿Por qué estás haciendo esto?”

– “Porque me importas”, dije. “Y nuestro matrimonio”.

La mañana siguiente le pregunté nuevamente, y la siguiente

Luego, durante la segunda semana, ocurrió un milagro. Cuando le hice la pregunta, los ojos de Keri se llenaron de lágrimas. Luego se puso a llorar. Cuando pudo hablar dijo, “por favor deja de preguntarme eso. Tú no eres el problema, yo lo soy. Es difícil vivir conmigo, no se porqué aún sigues conmigo".

Levanté suavemente su mentón hasta que ella estaba mirándome a los ojos. “Es porque te amo,¿Qué puedo hacer para que tu día sea mejor?"

“Yo debería preguntarte eso”. “Sí, deberías”, dije. “Pero no ahora, ahora mismo yo soy el que necesita hacer un cambio. Tú necesitas saber lo que significas para mí”. Ella puso su cabeza en mi pecho. “Lo siento por haber sido tan mala”. “Te amo”, le dije. “Y yo te amo a ti”, respondió. “¿Qué puedo hacer para que tu día sea mejor?” Me miró dulcemente y dijo, “¿podemos tan solo pasar un tiempo juntos?” Sonreí. “Me gustaría eso”.

Continué preguntando por más de un mes, y las cosas cambiaron. Las peleas se detuvieron y entonces Keri comenzó a preguntar: "¿Qué necesitas de mí, cómo puedo ser una mejor esposa?"

Los muros entre nosotros se derrumbaron

Comenzamos a tener pláticas profundas sobre qué queríamos de la vida y cómo podíamos hacernos más felices uno al otro. No, no resolvimos todos nuestros problemas, ni siquiera puedo decir que no volvimos a discutir, pero la naturaleza de nuestras peleas cambió. No solamente se volvían cada vez más raras, sino que no eran tan enérgicas como antes. No queríamos hacernos daño nunca más.

Keri y yo hemos estado casados por más de 30 años

No sólo amo a mi esposa, me encanta estar con ella. La deseo. La necesito. Muchas de nuestras diferencias se han transformado en fortalezas y las otras realmente no importan. Aprendimos cómo cuidar del otro, y lo más importante, hemos ganado el deseo de hacerlo. El matrimonio es difícil, pero al igual que la paternidad, o mantenerse en forma, o escribir libros, o como cualquier otra cosa importante en la vida, el esfuerzo bien vale la pena. Tener una pareja en la vida es un regalo notable. También he aprendido que la institución del matrimonio puede ayudarnos a sanar nuestros peores defectos. Y todos los tenemos.

Con el tiempo he aprendido que nuestra experiencia fue una muestra de una lección mucho mayor del matrimonio

La pregunta que todos en una relación comprometida debieran hacerse es, “¿qué puedo hacer para que tu vida sea mejor?” Eso es amor. Las novelas de romance son todas de deseo y felices para siempre, pero el “felices para siempre” no nace del deseo, al menos no en el tipo representado en los romances de ficción. El verdadero amor no es desear a una persona, sino realmente desearlea<< las felicidad, incluso a costa de la propia felicidad. El amor verdadero no es hacer del otro una copia de uno mismo. Es expandir nuestras propias capacidades de tolerancia y preocupación por buscar el bienestar del otro. Todo lo demás es una farsa de interés propio.

No estoy diciendo que lo que nos pasó a Keri y a mí va a funcionar para todos. 

Ni siquiera estoy diciendo que todos los matrimonios deben ser salvados. Pero en mi caso, estoy increíblemente agradecido por la inspiración que me llegó ese día tanto tiempo atrás. Estoy agradecido de que mi familia esté intacta y de que todavía tengo a mi esposa, mi mejor amiga, en la cama junto a mí cuando despierto en la mañana. Y estoy agradecido de que, incluso ahora, décadas después, de vez en cuando uno de los dos se da vuelta en la cama y dice, “¿qué puedo hacer para que tu día sea mejor?” Tanto oír como decir esa pregunta es algo por lo cual vale la pena levantarse en la mañana.

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