Las 20 cosas que aprendí cuando la vida me arrebató a mi madre demasiado joven

Las 20 cosas que aprendí cuando la vida me arrebató a mi madre demasiado joven0shares

No hay mayor tragedia personal que la muerte de un ser querido. Cuando alguien fallece inesperadamente, inevitablemente afecta a la familia inmediata del fallecido. Hace un año, nos enteramos de la historia de un joven, a quien su mundo entero se le destrozó con la noticia de que su madre había fallecido.

Algo tan traumático te cambia por completo, quién eres y cómo ves el mundo. Él era apenas un tímido muchacho de 21 años, con dos hermanas más jóvenes, y ahora todos ahora sin madre se ven forzados a continuar viviendo la vida sin ese ser querido que siempre estuvo a su lado para guiarlos y cuidarlos.

Ha sido un año de dolor y angustia desgarradora para este chico y sus hermanas; Un año que él nunca querría volver a experimentar. Pero a través de esta experiencia él ha aprendido muchas lecciones difíciles que llevará con él por toda la vida.

1. Muchos adultos que han perdido recientemente a sus padres te dirán que saben por lo que estás pasando ¡No es así!

Me molesta mucho cuando un adulto me dice que sabe por lo que estoy pasando. Mi madre se va a perder todas nuestras vidas, así que no tienes idea de lo que estoy pasando. Yo sé que es de buena fe, pero es mejor no decir nada.

2. Las personas que no han experimentado esto todavía no lo entienden, y eso no es culpa suya.

Al principio pasé meses amargado porque la gente simplemente no lo entendía, pero entonces me di cuenta de que no era culpa de ellos, y que además yo debería estar feliz de que ellos no entendieran por lo que pasé.

3. A las personas realmente les gusta usar esas frases cliché.

En este tipo de situaciones todo el mundo siempre dice cosas como 'están en un lugar mejor', 'te cuidan', etc., y es una mierda. Es lo último que quieres oír. No me digas que están en un lugar mejor, porque si estuvieran en un lugar mejor estarían aquí conmigo y mi familia. Sé que estas personas solo desean el bien cuando dicen estas cosas, pero sólo hace que duela más.

4. Odio cuando la gente se queja de sus padres conmigo, porque al menos ellos tienen unos.

Mi corazón y mi estómago se revuelven cuando me dicen esto. Daría cualquier cosa para tener mi mamá gritándome, o para que mi mamá me hiciera la vida imposible otra vez. Las personas no pueden apreciar el amor y el cuidado que sus padres les están dando. No están apreciando el hecho de que todavía tienen padres y tienen ese vínculo con ellos.

5. Aprendes quién es real.

Dicen que una tragedia siempre te muestra quiénes son tus verdaderos amigos, y esto no podría ser más cierto en esta situación. Muchas personas no pueden manejar esta difícil tragedia y terminan alejándose de ti. ¡Déjalos! No son lo suficientemente buenos para estar allí si no pueden encontrar la fuerza para quedarse y apoyarte. Es difícil de aceptar, porque es un momento en el que necesitas todo el amor y el apoyo que puedas obtener, pero con el tiempo aprendes a dejar ir y darte cuenta de que es lo mejor.

6. Los días de fiesta y los acontecimientos importantes de la vida NUNCA serán iguales.

Las vacaciones llevan ahora una tristeza, un vacío que nunca se llenará. También hace que los recuerdos de las fiestas pasadas y tradiciones salgan a flote, despertando de nuevo el dolor. Te hacen recordar que harías cualquier cosa para recuperarla. La gente que te rodea está llena con la alegría de los tiempos festivos, sin darse cuenta de lo que estos días significan para ti y tu familia.

7. Está bien no estar bien.

He tenido mi buena parte de obstáculos de la vida, pero siempre he mantenido el mantra de que las cosas tienen que estar bien. Sin embargo, cuando esta experiencia que me sacudió pasó, yo no podía mantener más ese mantra. No podía estar bien, por mucho que lo intentara. Aprendí a aceptar eso, aprendí que estaba bien admitir que tenía dolor, que no estaba bien. Aprendí a expresar esto a la gente sin sentirme juzgado. Una lección que no fue fácil.

8. Está bien poner tus necesidades primero.

Después de experimentar esta pérdida, este dolor, te vuelves vacío e incapaz de dar mucho. Tú comienzas a darte cuenta de que no puedes ser tan solidario y desinteresado hacia los demás, porque estas usando toda la energía que te queda para pasar el día. Tienes que aprender a entender y aceptar que tienes que cuidar de ti mismo, antes de poder ofrecer ayuda a los demás.

9. A veces necesitas un empujón.

A pesar de lo que te esté costando, al pasar pos esto van a haber días malos que no podrás sortearlos por ti mismo. A veces necesitas un amigo para motivarte a estudiar para ese examen o ir a clase. A veces necesitas que alguien te tire de la cama y te dé la motivación y la fuerza que necesitas para afrontar el día. 

10. Los vínculos entre seres queridos se hacen más fuertes.

Nadie más entiende lo que estás pasando, lo que significa que las personas que sí lo entienden son mucho más importantes. Son los únicos en el mundo que entienden lo que has perdido y el peso que ahora tienen que llevar contigo y con ellos. Te hace apreciar a la gente que tienes más que nunca y te hace querer aferrarte a ellos más fuertemente. 

11. Te preocupas por todo, todo el tiempo.

Cuando se supone que alguien viene y no lo hace, te preocupas. Cuando alguien no contesta su teléfono, te preocupas. Inmediatamente empiezas a pensar en los peores escenarios posibles y en todo lo que podría haber salido mal. Y el alivio que se siente cuando finalmente ellos aparecen, es inexplicable. Sabes que te preocupas demasiado y en el fondo sabes que probablemente están bien, pero igual no puedes evitarlo. El potencial de perder a alguien más es demasiado para siquiera pensarlo y sabes que el riesgo siempre estará ahí.

12. Te vuelves más cariñoso y apegado.

No puedo explicar la sensación a menos que la hayas experimentado, pero una vez que lo haces, te hace querer aferrarse a las personas que te rodean, te hace querer mostrarles lo importante que son para ti. Te hace necesitar el afecto y el amor de la gente cercana para ayudarte a sanar lo que has perdido, para recordarte que hay personas en tu vida que son importantes y que se preocupan por ti. Que todavía hay razones para seguir viviendo.

13. Te hace elegir tus palabras con más cuidado.

Ya sabes cuán importantes son las últimas palabras, si tus últimas fueron buenas o malas, comprendes el peso que tienen y la importancia que tienen. Te hace más consciente de cómo hablas con tus seres queridos. Te hace decir 'te amo' antes de decir adiós, no importa lo enojado que estés con ellos. Asegúrate de decirles todo el tiempo cuánto significan para ti y cuánto los necesitas y aprecias.

14. Aprendes a no perder el tiempo.

Ahora entiendes que la vida no dura para siempre, el tiempo siempre pasa. Esto te enseña a no tomar menos de lo que mereces, y nunca perder el tiempo. Te hace más honesto y sincero con la gente porque entiendes que no tiene sentido perder el tiempo de nadie siendo menos. Ahora te das cuenta de lo importante que es tu tiempo y tu vida. No lo desperdiciarás en algo o alguien que no esté a la altura.

15. Tú vives más la vida…

... porque entiendes lo rápido que se va. Después de perder a tus padres, te sientas y recuerdas que perdiste mucho tiempo y oportunidades que pudiste haber pasado con ellos. Tú darías cualquier cosa por ir de nuevo de viaje, o simplemente una cena con ellos. Esto te hace más apto para aceptar hacer cosas con otras personas, porque ¿Y si no vuelves a tener nunca otra oportunidad? 

16. Aprendes a dejar ir la culpa.

Esto toma más tiempo de lo que uno puede imaginar y no es una tarea simple. Tienes que tomar la decisión de dejarlo ir una y otra vez. Aprendes a dejar ir la culpa, aprendes a darte cuenta de que pensar en todas las cosas que pudiste haber hecho diferente ya no te pueden ayudar. No puedes cambiar nada de lo que pasó, así que aprendes a aceptarlo, no importa cuántas veces tengas que hacerlo. 

17. Tu mundo se volvió tan negativo, y tienes que aprender a cambiarlo.

Te vuelves tan pesimista sobre los resultados de la vida. Tienes que aprender a dejar ir la amargura. Tienes que volver a enseñarte a pensar positivamente, a no estar siempre preocupado y dejar de pensar en los peores escenarios. Tienes que aprender que esta experiencia no significa que nunca más serás feliz, y que la vida nunca volverá a ser buena. Te das cuenta de que tus padres no querrían que siguieras por la vida con este chip en tu cabeza, que quieren que seas feliz. Así que tienes que aprender a cambiar tu visión de la vida, otra vez.

18. Aprendes que eres fuerte.

Después de superar algo como esto te das cuenta de que nada nunca te detendrá, porque ninguno de los obstáculos de la vida nunca serán de este calibre. Una vez que hayas sobrevivido a esto, te das cuenta de que puedes sobrevivir literalmente cualquier cosa que te lance la vida. Tú comienzas a darte cuenta de tus fortalezas y tus valores. Aprendes a volver a amarte a ti mismo, en vez de culparte. Aprendes a darte cuenta y apreciar las cosas buenas de ti mismo y la importancia del amor propio.

19. Tú ahora aprecias a tus padres más que nunca.

Dicen que la muerte distorsiona la memoria porque la gente comienza a glorificar más los que se han ido, pero no estoy de acuerdo, creo que la pérdida borra los malos aspectos de una persona porque te das cuenta de que esos ya no importan. Te das cuenta de que lo que estaba en su núcleo era lo que realmente importaba. Sólo recuerdas a la persona tal y como fue, el amor y el apoyo que te dieron y los recuerdos que compartías. Y al final del día eran tus padres y nadie en el mundo entero podrá reemplazarlos.

20. No des a nadie por sentado.

Nunca tomes una persona, experiencia, memoria o momento por sentado. Todo lo que tienes actualmente se puede perder en un instante, sin ninguna advertencia. Ha pasado un año desde que la perdí, un año que me sacudió. No hay un día que pase donde no piense en ella o la extrañe. Esta experiencia me ha cambiado hasta mi núcleo, ha cambiado cómo me veo a mí mismo, cómo veo la vida y cómo interactúo con otras personas. Voy a llevar el peso de esta tragedia conmigo para el resto de mi vida, así como las lecciones que he aprendido a causa de ello.

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