No podrás sacar de tu mente las reflexiones de este mujer tras la separación de su marido.

No podrás sacar de tu mente las reflexiones de este mujer tras la separación de su marido.1shares

En muchas ocasiones, nuestra vida está llena de momentos que ni en nuestros más oscuros sueños hubiésemos pensado que nos tocaría vivir. Generalmente, nos programamos para afrontar ciertos retos y desafíos, la mayoría de ellos relacionados con situaciones circunstanciales, como por ejemplo una realidad económica adversa. Pero pocas veces nos preparamos para sortear cosas verdaderamente trascendentales, tales como una separación.

En este sentido, la ruptura de una relación de pareja puede derivarse de múltiples factores, siendo un hecho que en la actualidad se vuelve cada vez más recurrente. Lo cierto es que, nadie se une a otra persona con la intención de abandonarla, sino que hay eventos que quebrantan la unión de una forma tan irreversible que termina siendo para muchos la mejor mejor alternativa.

Indistintamente las circunstancias que lleven a decidir la separación, causa conmoción para ambos; siendo todavía peor para quien es abandonado. Surgen una gran cantidad de interrogantes que nublan la mente, haciendo ver por un momento que todo está perdido, hasta que vuelve la calma y todo comienza nuevamente a fluir con normalidad. Precisamente, este es el caso que veremos a continuación. Una de nuestras lectoras nos hizo llegar una carta donde narra su propia experiencia tras la separación con su esposo. Y sus palabras están impregnadas de una gran sabiduría que nos describe cómo fue su transición en este duro proceso, hasta convertirse en la gran mujer que es hoy día. Conoce más detalles sobre su valiosa experiencia.

Las reflexiones de esta mujer luego de que su marido decidiera dejarla son asombrosas.

Ella misma define el momento como uno de los más trascendentales de toda su existencia, hasta el punto de sentir que fue como un renacer a una nueva vida.

Admite que no resultó fácil verlo así en un primer momento.

Obviamente, dentro de su plan original jamás pasó por su mente la idea de que ésto pudiese sucederle precisamente a ella; de allí que por un instante, la sacó completamente de foco.

Sin embargo, una vez que aceptó el hecho, vio el universo de posibilidades que tenía en su futuro.

Y comprendió que era definitivamente lo mejor para ambos, hasta el punto de sentirse aliviada por ello.

¡Parece increíble la profundidad que puede encerrar un episodio como éste!

Puede que te sientas identificada con algunas de sus reflexiones.

De allí nace la idea de compartir el contenido de la carta que muy amablemente ella nos hizo llegar.

El texto de su carta comienza así...

“Aún lo recuerdo como si fuera ayer. Mi esposo mandó llamar a nuestros tres hijos a nuestra recámara y les dijo que habíamos decidido separarnos. La mayor sabía que las cosas no andaban bien, pero a los dos más chicos simplemente el mundo se les vino abajo, lo vi en sus ojos." 

Fue propiamente su esposo quién tomó la iniciativa de la separación.

"Él dijo que no estaba bien, que tenía derecho a ser feliz, y les decía una y otra vez que cuidaran a mamá."

De entrada, a ella le costó aceptar todo el increíble acontecimiento.

"¿Acaso pensaba que me iba a morir? Ganas no me faltaron. En cuestión de segundos mi vida cambió y el plan que tenía se fue a la basura. En mi cabeza resonaban las palabras de sus cartas de amor, las que guardaba en el fondo de mi cajón; todo había sido una mentira."

La frustración se apoderó de ella y no sabía qué hacer.

"Al día siguiente se llevó sus cosas, yo no quería ni salir de la cama pero era imposible quedarme ahí."

Representó un reto de grandes proporciones continuar con normalidad su vida.

"Volví a mi trabajo, traté de hacer todo lo más normal posible, pero mi corazón seguía roto. Fue muy extraño, los primeros días quería salir corriendo de casa, no era nada más haberme quedado sin pareja. Mis hijos eran un gran paquete y quizá por vivir tan centrada en mi esposo, simplemente no me había dado cuenta, ahora estaba sola con ellos."

Admitió que unos días fueron más duros que otros.

"Fueron meses muy difíciles; aprendí a conocerlos mejor, pero mi esposo no estuvo cuando a uno de ellos le encontré cigarros y cerveza a pesar de ser menor de edad, tampoco cuando la mayor empezó a escaparse en las noches para irse con un chico, o cuando tuve que ir al centro de la ciudad a recoger a mi hija menor porque se le habían pasado las copas. Dudaba en pedirle ayuda y las veces que le llegué a marcar no me contestaba, me decía que me las arreglara sola o que después hablaría con ellos."

Lo más complicado de sobrellevar es la responsabilidad compartida de los hijos.

Aunque nuestras sociedades estén acostumbradas a que la mayor carga sobre ésto recaiga sobre la madre, bien sea en una pareja consolidada como en una separada. En su caso, no resultó para nada diferente: recibía el apoyo económico de su ex marido pero había una carencia de su presencia física y de su figura paterna la mayor parte del tiempo.

Fue doloroso para ella aceptar el hecho de que no estuviera presente en la vida de sus hijos.

Al respecto comentó: "Él los veía de vez en cuando, entregaba la mensualidad para su manutención con puntualidad, pero no había nada extra y eso era lo que más me dolía, que los privara de tener un padre."

Sintió como si quisiera dejar atrás todo lo que los mantenía unidos de alguna manera.

"No había salidas, cenas, ni siquiera un café, siempre quería llevarlos a su casa y obligarlos a convivir con su nueva pareja y sus hijastros. Era como si no los quisiera porque eran míos, me sentía culpable, pero después entendí que fue una decisión suya y que en algún momento tendría que afrontar las consecuencias."

Poco a poco, fue apoderándose de su corazón un gran sentimiento de culpa.

"Su nueva pareja se embarazó pronto y eso me hizo sentir peor, era como si él quisiera arreglar su vida borrando todo lo que hizo conmigo y empezando de cero, nueva esposa, nuevos hijos, nueva vida. Varios de nuestros amigos me dejaron de hablar y los eligieron a ellos. Yo me sentía fatal, pensaba que no era lo suficientemente guapa o inteligente, que quizá era tan aburrida que no volvería a encontrar amor. Mis hijos no lo sabían, pero antes de irse él me dijo que por mi manera de ser me quedaría sola."

La interrogante que rodaba por su cabeza en ese momento era:  "¿Acaso tenía razón?"

A partir de allí, se dio en ella un nuevo despertar de conciencia, evidenciado en un cambio de actitud.

"Casi no tenía hambre así que en pocas semanas bajé mucho de peso, la decepción me funcionó mejor que otra dieta. Me concentré en el trabajo y extrañamente todo comenzó a mejorar. Mis hijos se calmaron, platicaban más conmigo y aprendí a conocerlos mejor, podría decir que hasta los amé más, pues había varias cualidades de ellos que desconocía y me tenían impresionada; a su modo, cada uno de ellos era una gran persona. Dinero no me faltó, hasta recibí nuevas ofertas de trabajo que no pude rechazar."

Las piezas de su vida comenzaron a calzar progresivamente una por una.

"Empecé a salir más con mis amigas, tenía más tiempo para arreglarme, hasta hice algunos viajes. Poco a poco noté que estaba dejando de extrañarlo y finalmente, aunque me dolía su manera de ser con nuestros hijos, decidí seguir con mi vida de la mejor manera. Me sentía más fuerte, más inteligente y más hermosa."

La sensación de libertad que comenzó a experimentar fue indescriptible.

"Yo creo que no estaba tan equivocada, pues cuando ya habían pasado cerca de dos años de la separación, conocí a alguien. No vivimos juntos y definitivamente hay muchas cosas que no pienso repetir, me gusta mi libertad y aprendí a tratar mejor a mi pareja, pero la relación me hace feliz, me siento en paz, realizada y, sobre todo, me siento libre."

Para su buena fortuna, el tiempo sanó sus heridas y se transformó en una mejor persona.

"Ahora que lo pienso bien, yo no fui quien murió ese día, murió el hombre que pensé que era y yo sólo le pedí a Dios que lo bendijera, pues no pasó mucho tiempo antes de que los niños se alejaran de él. No querían ir a su casa y él se quejaba de que no lo buscaban, no le llamaban, olvidó que él los abandonó y que el dinero no compra el amor. Varias veces me llamó para quejarse de nuestros hijos, algunas veces no contesté, otras le recordé cómo se había alejado de ellos, las veces en que quiso obligarlos a convivir con su pareja y claro que no le pareció, pero tampoco podía negarlo. Aquella tarde tan triste yo no morí, volví a nacer con más fuerzas que nunca y aprendí que cuando la vida te quita algo, siempre te recompensa con algo mejor.”

Toda relación rota causa ciertos remordimientos e inquietudes.

Pero también conllevar a aprender las lecciones de vida más profundas que pueden aprenderse.

Si estás pasando por un momento así, recuerda que lo mejor está por venir.

A pesar de que no puedas verlo de manera inmediata, cada situación que enfrentamos, más tarde que temprano, hace que nuestro corazón se fortalezca y, al final, será simplemente una batalla ganada para ti.

Muchas otras han pasado por lo mismo, logrando salir adelante con sus vidas.

Jamás olvides que ¡no estás sola!

Y no sólo eso, sino que a tu alrededor existen incontables motivos por qué luchar y son precisamente éstos los que te ayudarán a salir adelante. ¡Sí se puede!

No cabe duda que el testimonio de esta chica es muy enriquecedor.

Gracias a nuestra querida lectora por compartir su historia con todos nosotros.

¿Has pasado por un momento tan trascendental en tu vida alguna vez? COMENTA y COMPARTE esta valerosa historia con todos tus amigos.

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